Desde hace algún tiempo, el futuro de la banca se ha considerado como un conjunto de tendencias centradas en los pagos digitales, la banca abierta, la IA y las finanzas integradas.
En el CCG, el Consejo de Cooperación del Golfo, estas fronteras están desapareciendo rápidamente a medida que se producen tres cambios significativos.
1. Un modelo sin efectivo
Estos cambios en toda la región son significativos, con una notable tendencia a que el efectivo sea cada vez menos habitual.
El CCG está dejando atrás el efectivo más rápido que la mayoría de los demás mercados; sin embargo, el verdadero cambio radica en cómo piensa la gente sobre los pagos. Cuando los pagos son instantáneos e invisibles, la gente deja de pensar en el acto de pagar. Simplemente se convierte en parte de la experiencia general, lo que establece un estándar mucho más alto.
Ahora, los bancos no solo compiten en las transacciones, sino en lo bien y sin problemas que se integran en la vida cotidiana de las personas.
Los nuevos datos del último informe de Visa, «Where Cash Hides», confirman un continuo alejamiento del efectivo en los Emiratos Árabes Unidos, donde el 68 % de los consumidores prefiere ahora las tarjetas y los pagos móviles, lo que supone un aumento del 7 % con respecto al año pasado.
2. La banca abierta supone un gran cambio
A menudo se ve la banca abierta como una competencia entre bancos y empresas fintech, pero hay mucho más en qué pensar. Las fintech tienen acceso a los datos, pero los bancos siguen contando con la confianza, la escala y un sólido respaldo regulatorio, y la verdad es que ninguna de las partes puede triunfar por sí sola.
En su lugar, está surgiendo un modelo más flexible, basado en colaboraciones, plataformas y ecosistemas centrados en crear la red más relevante en torno al cliente. Uno de los mayores retos y cambios es que la banca en sí misma está pasando a un segundo plano.
Los pagos, los préstamos y los seguros están ahora disponibles dentro de las aplicaciones que la gente ya utiliza, como las superaplicaciones y las plataformas gubernamentales. No hay que iniciar sesión adicionalmente, no hay obstáculos y no es necesario acudir a un banco.
Para los bancos, esta situación tiene tanto ventajas como riesgos: pueden respaldar estas experiencias en segundo plano o arriesgarse a perder por completo su conexión con los clientes. En este nuevo entorno, quien controla la experiencia del cliente también controla el valor.
Juniper Research prevé que los usuarios de banca abierta a nivel mundial superarán los 645 millones en 2029.
La IA se está convirtiendo en el sistema operativo de la banca
Se espera que la IA genere un importante valor económico en todo el CCG para 2030. Se prevé que Arabia Saudí acapare la mayor cuota, con unos 135 000 millones de dólares, lo que representa alrededor del 12 % de su PIB. Le siguen los Emiratos Árabes Unidos con aproximadamente 96 000 millones de dólares, lo que supone alrededor del 14 % de su PIB, el mayor impacto proporcional de la región. Se espera que el resto del CCG, incluidos países como Baréin, Catar y Kuwait, aporte entre 15 000 y 45 000 millones de dólares, lo que supone aproximadamente entre el 3 % y el 8 % del PIB. En conjunto, estas cifras ponen de relieve el papel cada vez más importante de la IA como motor clave de la transformación económica en todo el Golfo.
Esta previsión confirma que, mientras que en el pasado la IA en la banca se mantenía cómodamente al margen, hoy en día la IA es la forma en que funcionarán los bancos, integrada en toda la operación, impulsando las interacciones con los clientes, automatizando las decisiones, detectando el fraude en tiempo real y transformando las funciones de back-office en capas de ejecución digitales y optimizadas.
El principal cambio radica en cómo está empezando a pensar la propia banca. La IA está sacando a los bancos de un modo reactivo, en el que responden a transacciones, solicitudes y problemas, y los está llevando a uno predictivo, en el que pueden anticipar las necesidades antes de que se materialicen por completo. Es la diferencia entre procesar un pago y comprender el contexto que hay detrás de él.
Este cambio lo afecta todo. Los productos ya no son fijos; evolucionan continuamente. Los recorridos de los clientes ya no son lineales; se ajustan dinámicamente. Las operaciones ya no son manuales en su esencia; son cada vez más autónomas, con supervisión humana en lugar de dependencia humana. En este contexto, la IA no es solo otra capacidad más que implementar. Es el sistema operativo del banco moderno.
Qué significan estos cambios
La transformación en curso en el CCG pone de relieve un claro cambio de una banca centrada en los productos a unos servicios financieros impulsados por el ecosistema. A medida que los pagos se vuelven invisibles, los datos se vuelven más accesibles y la IA se integra en las operaciones básicas, el papel de los bancos se está expandiendo más allá de los límites tradicionales.
El éxito dependerá de la capacidad de adaptarse a este entorno más conectado, trabajar en múltiples plataformas, colaborar con las fintech y mantener un fuerte enfoque en las necesidades de los clientes, al tiempo que se navega por una complejidad regulatoria cada vez mayor.
En este contexto, el progreso no se define únicamente por la velocidad, sino por la eficacia con la que las instituciones logran alinear la innovación con la estabilidad y la confianza.