Mientras el cirílico se vuelve un poco más cotidiano, las redes de subte de Moscú ya son parte de nuestro alfabeto. De a poco, también, los trenes de larga distancia se transformaron en nuestro segundo hogar. Los estadios y sus Media Center’s, nuestra oficina.

Terminó la primera ronda y el carnaval de nacionalidades se va apaciguando un poco, aunque su lugar lo empieza a ocupar la tensión del verdadero Mundial: el de los mano a mano. Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia y México están en próxima ronda, y nosotros también. Aunque antes hubo que transpirar la camiseta y gastar las suelas.  

Nizhny Novgorod: la puerta de la Rusia profunda

Para conseguir la clasificación nos adentramos unas 6hs hacia el este de Moscú, en una de las primeras paradas del mítico Transiberiano: Nizhny Novgorod, la puerta de la Rusia profunda. Durante los tiempos soviéticos sólo se le permitía el acceso a la ciudad a los residentes, debido a la operación de industrias militares.

En Nizhny contrastan iglesias ortodoxas de la Rusia zarista con callejones entre monoblocks típicos de un barrio industrial soviético. Desde el Kremlin, construcción del año 1500, cuando era clave defenderse de las invasiones tártaras, se ve cómo confluyen el Río Volga con el Oka, justo donde se encuentra el nuevo gran fuerte que tiene la ciudad: el estadio mundialista

De Nizhny nos llevamos el contraste entre las sombras de haber estado oculta con las luces de esta apertura masiva. También nos llevamos una conversación de una hora mediante el google translator de una tablet con la dueña del hotel.

San Petersburgo

Tras casi diez horas de tren llegamos a San Petersburgo. ¿Es acaso tan majestuosa y bella como dicen? A pesar de haber dormido poco y nada el trayecto, la reacción es unánime al salir de la estación y encontrarse con la avenida Alexander Nevsky: “Caminemos”. Cada segundo de más que uno puede llenarse los ojos con las construcciones imperiales, las catedrales y sus cúpulas, las fortalezas, los puentes, canales, y monumentos; todo brilla e impone su opulencia.

En la ciudad que resistió el sitio nazi durante 900 días, la Selección Argentina sobrevivió y consiguió el pase a octavos de final. Nosotros resistimos la tentación de quedarnos a vivir y emprendimos el regreso a Moscú.

Una vez en casa nos reencontramos con Vladimir, dueño del departamento que nos aloja en el remoto Bronnitsy. Nos cuenta de sus aventuras cuando perseguía cazadores ilegales de osos en Siberia o de su infancia en Kazajstán. Natacha, su mujer, no habla inglés, pero nos enseñó que es clave llenarse los dedos de harina para llevar a cabo el pliegue justo de los pelmeni, especie de raviol ruso que nos cocinó. Su hija, Holga tampoco habla inglés, pero la hospitalidad es un idioma universal y nos trajo regalos: una torta y un silbato llamador de aves.

Como Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia y México; nosotros también avanzamos. ¡Nos vemos en los octavos de final!

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