Importantes visionarios de los negocios han pregonado que la inteligencia artificial (IA) constituye una revolución aún más importante que la de la electricidad, y día a día somos testigos de cómo esta tecnología se integra a casi todos los aspectos de nuestras empresas, sin importar el sector. No hay dudas de que está cambiando las cosas. ¿Pero es esta la clase de cambio que queremos? ¿Cómo podemos asegurarnos de que el cambio que la IA trae consigo es significativo y está en sintonía con nuestros valores y objetivos?

Diseñar e implementar productos potenciados por IA es una tarea que implica encontrar la armonía entre aspectos antagónicos. Es como intentar recopilar una cantidad infinita de datos y, a la vez, respetar la privacidad; o usar la automatización para ofrecer experiencias mejores y más atractivas y, a la vez, evitar alienar a los consumidores cuando algo falla o evitar que la fuerza de trabajo se vuelva obsoleta.

A través de un arduo proceso de prueba y error, hemos aprendido que no podemos tratar a la IA como una tecnología aislada. Por el contrario, se trata de un campo interdisciplinario que requiere diversidad de perspectivas y objetivos.

Analicemos la primera perspectiva: la madurez de la IA. Esto implica enfocarse en la manera en que la tecnología pasa del ámbito académico al industrial o empresarial. Cuando nos referimos al ámbito académico, hablamos de desafiar de manera constante la capacidad de los modelos impulsados por IA. Pero una vez que pasamos al ámbito empresarial, todo se trata de la ingeniería. 

Una de las enseñanzas del desarrollo de software es que la mejora continua es mejor que la posibilidad de innovar en el futuro. MLOps (del inglés «Machine Learning Operations») combina una serie de prácticas que van desde la ciencia ágil de datos, el versionado integral (datos, pipelines, modelos, formación, productos, todo en forma de código) y la supervisión automatizada, hasta la integración y la entrega continua, etc. La disponibilidad, la retroalimentación y la mejora iterativa son las características distintivas de un sistema MLOps maduro, el cual actúa como prueba de fuego para calibrar la adecuación del desarrollo y las operaciones de los sistemas de IA en la empresa.

Otra perspectiva importante es la gestión de los datos del producto, así como definir qué constituye una «experiencia relevante». Estas deben diseñarse teniendo en consideración el hecho de que, a fin de cuentas, serán los seres humanos quienes disfruten (o sufran) los resultados de los modelos basados en IA que ponemos en marcha. ¿Cuál es el valor que aportamos? ¿Qué decisiones estamos facilitando para los usuarios? ¿De qué manera anticipamos y nos adaptamos a sus necesidades? Si el atractivo de venta de nuestro producto es que está potenciado por IA, no hay dudas de que estamos haciendo las cosas mal. La IA puede ser un enorme y poderoso facilitador, pero no es un fin en sí mismo. Abre las puertas a una infinidad de posibilidades para innovar y crear nuevas experiencias digitales que antes eran inimaginables. Así que no se trata solo de reemplazar un componente personalizado con IA, sino que también es necesario diseñar los productos en torno a todas las capacidades que esta tecnología hace posibles.

Por último, las cuestiones de equidad, seguridad, parcialidad y sostenibilidad representan una preocupación constante, por lo que el propósito y las consecuencias del uso de la IA deben evaluarse de forma objetiva. Ahora que se están desarrollando más y mejores modelos basados en IA, es de vital importancia utilizar esta tecnología para ayudar a la población vulnerable, aumentar nuestra capacidad de trabajo y garantizar la igualdad de oportunidades. También hay que tener en cuenta que el entrenamiento de estos modelos consume mucha energía, por lo que es necesario analizar si en verdad vale la pena entrenar un modelo gigantesco o conviene reutilizar y adaptar los modelos existentes en la fase de definición del producto.

La IA es mucho más que un juguete tecnológico poderoso y emocionante. Puede que en verdad estemos ante la revolución más grande de nuestra generación. Y dado que cobrará vida y cambiará el mundo a partir del ámbito empresarial, debemos asegurarnos de que estamos logrando un correcto equilibrio, desde una perspectiva interdisciplinaria, con las mejores prácticas modernas y de una manera humana.

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