Un bebé de un año y medio duerme en su cuna. Lo observo mientras escribo esto. El niño me llama “mamá”, pero hasta el mes pasado yo no sabía de su existencia, ni el de la mía. 

Me llamo Natalia y adopté a mi hijito en plena pandemia. Comparto mi historia porque la adopción es peculiar, poco frecuente, y quisiera que las empresas y sus líderes abran los ojos a las diversas formas de la maternidad para acompañarla mejor. 

Soy argentina, vivo en Buenos Aires y llegué a Globant en 2016. Ya tenía un recorrido importante como especialista de Contenido, y me atrajo la idea de trabajar en una empresa de tecnología. En aquel entonces éramos unos… ¿diez? miembros de la práctica de Digital Marketing. Hoy vamos camino a los 200 y formamos nuestro propio Studio, en el cual soy miembro senior de la práctica de Content. 

A mediados del 2018 mi marido y yo decidimos adoptar. Nos casamos, nos fuimos de luna de miel a Río y tomamos impulso para armar nuestro proyecto de familia. 

Una de las primeras cosas que hice fue contarle a mi Tech Director y a mi Project Manager, porque iba a necesitar flexibilidad horaria para realizar muchos (¡muchos!) trámites. De hecho pasaron un año y cuatro meses desde que empezamos a juntar los papeles requeridos hasta que fuimos aceptados en la lista de espera para adoptar. 

En el camino nos hicieron todo tipo de evaluaciones psicológicas, médicas y ambientales. También asistimos a talleres y foros sobre el tema, en donde aprendimos el punto de vista de los niños y niñas en adopción, lo confuso y angustiante que es para ellos. Ni Rincón de Luz de Cris Morena ni cuento de Dickens: ser abandonado y cambiar de familia es durísimo. 

La realidad es que muchas veces dudamos. “¿Vamos a poder?¿Seguimos con esto?”, nos preguntábamos. Y seguíamos. 

En ese intervalo de tiempo me pasaron muchas cosas desafiantes y divertidas en el trabajo: cambié de proyecto, tuve la oportunidad de viajar a Madrid dos veces y hasta fui a Las Leñas y a Tafí del Valle con otros Globers. Mis compañeros me apoyaban y me escuchaban cuando me sentía agobiada. Yo salía del juzgado y me iba directo a North Park, y los que me conocían adivinaban por mi cara como me había ido, me ofrecían un mate, compartían mi alegría y mis enojos. 

En marzo de 2020 logramos nuestro objetivo: inscribirnos en la lista de espera. El COVID-19 ya estaba presente en Argentina, y en ese mismo mes comenzó la cuarentena. Los juzgados dejaron de recibir nuevos aspirantes a guarda adoptiva. Mi marido y yo nos resignamos. “Pueden pasar años hasta que nos llamen para adoptar, y encima con esto del coronavirus…” Dejamos el asunto en suspenso. Pasamos los primeros meses de la pandemia trabajando en casa, cómodos, un poco aburridos. Sin imaginar lo que iba a pasar. 

Una mañana de junio, una mañana cualquiera, común y corriente, recibí un llamado del juzgado. EL llamado. 

Lo que sentí ese día me lo guardo para mí, un poco por intimidad, y otro poco por impericia: me falta habilidad para explicar lo que se siente saber que vas a ser madre de un día para el otro. No hay nueve meses para preparar una habitación, para aprender qué necesita un recién nacido, nada. Adoptar es vértigo puro. En mi caso sólo sabía que mi niño tenía un año y medio y que vivía con una familia de abrigo (foster home). Eso era todo. 

Lo que sí quiero compartir es lo que pasó en Globant a partir de este hecho. En Argentina, las licencias de maternidad en general toman en cuenta a la maternidad biológica. Y como yo era la primera Glober argentina en adoptar, no había antecedente.

Esta es la escena: un viernes avisé en el trabajo que iba a ser mamá la semana siguiente. Yo estaba tan feliz como aturdida…pero cada vez que lo contaba recibía tanto apoyo y emoción. Creo que en medio de la pandemia la llegada de mi hijo se vivió como una buena noticia.

Al día de hoy no sé cómo hicieron en el proyecto, en el Studio y en People para buscarme un reemplazo tan rápido. Se buscó un reemplazo para mí en el proyecto y se definió una licencia que me dio la flexibilidad necesaria para vivir la llegada de mi hijo con tranquilidad. 

Así, con todo arreglado en el trabajo y con un fin de semana para conseguir una cuna, algo de ropa y juguetes, estuvimos listos para conocer a nuestro hijo. En vez de una sala de partos, fue en una sala de juegos en una oficina. Nosotros entramos primero para esperarlo. 

Cuando lo vi caminar de la manito con su cuidadora, tímido, emocionado por su primera salida en la cuarentena algo se volcó dentro mío. Fue amor, pero no sólo eso. También fue la certeza de que mi vida ya no era. 

La maternidad adoptiva es distinta en muchos sentidos. Al principio me sentía un poco outsider…todas mis amigas y compañeras que son mamás pasaron por un embarazo. El entorno se refiere siempre a la maternidad tradicional, es algo cultural. Que la ley no mencione la adopción es doloroso. ¿Por qué una licencia para unas sí, y para otras no? Como si gestar, parir y amamantar fuera lo único que define a una madre. Por eso para mí fue decisivo que Globant me diera tiempo y contención. A lo mejor para otros es una obviedad o peor, un detalle, pero cuando se elige un camino diferente es fundamental que en el trabajo te den contención.

Hoy mi hijo es el amor de mi vida. Y me gustaría decir que el amor todo lo puede, pero no es verdad: se necesitan políticas que acompañen a la maternidad en todas sus formas. La licencia me dio el tiempo que necesitábamos los dos para conocernos y formar un vínculo, porque no es lo mismo empezar con un recién nacido que con un pequeño de un año y medio, con memoria, gustos, una personalidad, una idea de quién es y quiénes son los que lo rodean. 

Me es difícil darle cierre a este texto. Tal vez porque la pandemia persiste, o porque aún no hemos terminado con todos los trámites de adopción que faltan, o porque mi historia como mamá recién está comenzando.

Mi hijo se mueve en la cuna, está por despertar.

Inspiring Glober Stories



Este artículo forma parte de nuestra serie Inspiring Glober Stories, historias de personas que con pasión, coraje y creatividad superaron obstáculos, realizaron sus sueños o ayudaron a cambiar el mundo. ¡Esperamos que disfrutes de esta historia y te inspire a seguir dando lo mejor de tí!


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